“Desde el enfoque de las políticas públicas, las campañas son competiciones en torno a ideas, son luchas por hacer visibles para los públicos una agenda de problemas y un programa de soluciones en términos de políticas públicas a esos problemas”.  (Crespo, Martinez y Riorda, 2006)

La campaña electoral para el 2018 evidencia los peores rasgos de la actividad política paraguaya. Nada de lo que se observa en nuestra campaña electoral puede avizorar tiempos mejores para la política en el Paraguay.  La campaña electoral ha sido, hasta este momento, mucho más de lo mismo, el escenario por excelencia donde se repiten los mismos vicios que la ciudadanía reclama a los partidos y la clase política en general y que tanto desprestigio ha generado a la actividad política.

Los datos del último informe Latino barómetro 2017 en cuanto a Paraguay evidencian este desencanto ciudadano, con muy bajos indicadores respecto  a confianza en la democracia y los partidos políticos, así como en el Tribunal Superior de Justicia Electoral. (Dato por demás relevante, cuando que nuestra democracia se sostuvo sobre la  legitimidad de los procesos electorales)

Manifestaciones expresas de partidizar la administración pública, uso y abuso de instituciones del Estado para la organización de mitines políticos a favor del candidato oficialista, utilización de niños en actos partidarios,  amenazas de pérdida de empleo y otros derechos a funcionarios públicos, utilización de actos del Gobierno  convertidos en actos partidarios, todo esto con la complacencia de una ciudadanía que mira absorta, anestesiada, y canaliza toda la indignación en las redes sociales, carente totalmente de la capacidad de movilización en repudio a estas prácticas.

Una ciudadanía timorata que no castiga a quienes deshonran la política ni premia o reconoce a aquellos que lo hacen de buena manera, es una ciudadanía condenada a tener siempre la misma clase política.

Como respuesta a ese desprestigio evidente generado por los políticos, los partidos recurren a incluir personalidades por fuera del  ámbito político y partidario. Esta campaña electoral, como ninguna antes en la transición paraguaya, ha incorporado a futbolistas, actrices, actores, comediantes,  periodistas, cantantes, quienes hoy pugnan por llegar a ocupar cargos  de relevancia en los distintos niveles de gobierno y poderes del Estado.

La respuesta de los partidos al fracaso de su gestión política, es la anti política, evidenciada con crudeza en esta campaña electoral. En lugar de profundizar el contenido político de la oferta electoral, los partidos (nuevos y viejos) quizás con algunas excepciones, vacían de contenido el discurso a fin de ser más “atractivos” para el elector. 

La discusión sobre las políticas o las propuestas de acciones para resolver determinadas problemáticas sociales al parecer no tienen cabida en esta campaña electoral, donde lo que resalta es el poder económico para  comprar espacios en las diversas listas o cargos partidarios. No hay planteamientos disruptivos o innovadores en términos de política pública.  

La influencia de las redes sociales en las estrategias medulares de cada sector político, es otra de las  características a destacar, todo se comunica, se muestra, se transmite en directo, por eso quizás, la repetición de los vicios de siempre hoy están expuestos como nunca.

Dicen quienes entienden de marketing electoral, que las campañas electorales se planifican de acuerdo a lo que el electorado demanda, si  es asi, si lo que comunican los partidos en su campaña es lo que la ciudadanía busca, podemos afirmar que como sociedad hemos fracasado.

*CamiloJ.Filartiga Callizo

Director Ejecutivo

Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica de Asunción.




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