Secuestro, confrontación de intereses y necesidad de justicia.

El secuestro, como acción criminal y reprochable que es, trae consigo la situación de confrontación casi ineludible entre el interés particular de la víctima y su familia y el interés general de toda la población.
El caso Zavala, con toda la carga emotiva y dramática que presentó, es una prueba de ello. Por un lado el interés de la familia en que el Estado, por medio de sus fuerza represivas, no intervengan en el caso, dramáticos pedidos de que el Estado se aparte de la intervención realizada en la zona del secuestro provinieron de parte de la familia interesada por sobre todas las cosas, y en forma comprensible, en la vida de Fidel, en negociar por si mismos el rescate. Por otro lado, la responsabilidad natural e ineludible del Estado de actuar conforme a su función constitucional cual es la de proteger la seguridad de todos y cada uno de los ciudadanos, en ese sentido el Estado no rehuyó su responsabilidad de constituirse en la zona de conflicto, manejándose al mismo tiempo con extrema cautela, de forma a no poner en riesgo la vida del secuestrado.
En este estado de cosas, es donde se confrontan ambos intereses. Por un lado, el general desde donde no puede admitirse que un grupo de 15 o 20 personas mantengan en vilo a toda la población por tanto tiempo, exigiendo además dinero a cambio de devolver con vida a la persona secuestrada, aquellos defensores de esta teoría sostenían la necesidad de la intervención armada por parte de las fuerzas militares y hasta la imposición del Estado de Excepción, aún a costa de la vida del secuestrado. Por otro lado, el interés particular de la familia, dispuesta a hacer lo que sea y a prescindir de lo que sea con tal de recuperar con vida a uno de sus miembros. La situación exigía una respuesta responsable, criteriosa de parte del Gobierno.
Aquí se presentó para el Gobierno un escenario que de no haberlo manejado adecuadamente pudo haber truncado las posibilidades del retorno con vida del secuestrado arrastrando con ello su propia suerte política y un nuevo golpe durísimo para toda la población. ¿Como se hubiese sostenido este gobierno de haber terminado el caso Fidel Zavala de otra manera?
En esta situación, distintos actores políticos opositores al gobierno no perdieron de vista la oportunidad para amenazar con juicios políticos, quejándose en forma manifiesta de la supuesta inacción del gobierno, muchos de ellos refiriéndose al caso con una simpleza que llama la atención, como si se tratara de una situación común; políticos, periodistas, empresarios, responsabilizaron en forma directa al gobierno de colaborar con el EPP, una organización que nació, creció y maduró bajo las narices de los sucesivos y corruptos gobiernos anteriores. Hoy, el principal Partido opositor al gobierno es quien solicita, a través de su presidenta en ejercicio la “inmediata acción del gobierno” para capturar a los miembros de la organización que ellos mismos, con su absoluta incapacidad dejaron crecer. La intención de quitar provecho político de toda esta lamentable situación es repudiable desde todo punto de vista, y debe ser una llamada de atención para el ciudadano a la hora de tener que elegir nuevamente a estos actores políticos.
La liberación con vida del ciudadano Fidel Zavala es la mejor noticia que el Paraguay podía recibir iniciando el año, pero deber ser sólo la primera parte de una historia que debe tener un segundo capítulo, una segunda parte que muestre que aquellos que tanto daño causaron con su accionar delictivo rindan cuentas efectivamente con la Justicia, y paguen por todo el dolor causado, de no ser así el Gobierno estaría perdiendo una posibilidad histórica de haber aportado efectivamente a la construcción del nuevo Paraguay que el común de la gente espera. Una tarea que en todos estos años se vio paralizada por la inoperancia y la corrupción de los gobiernos anteriores y que esperemos esta vez sea diferente.

Camilo Filártiga Callizo.

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